Durante el mes de abril no escribí mi diario de siempre ni agradecí las bendiciones del día antes de irme a dormir. Este mes no quise registrar nada por escrito como una especie de prueba, para ver con qué se quedaba mi memoria al final de abril.

Tengo que admitir que me cuesta mucho más recordar qué hice, qué experiencias o sensaciones viví, con quién me encontré. El registro escrito es una de mis herramienta más valiosas al momento de construir un relato y recordar lo que vivo. Así es como escribo mis notas de viaje, en base a las notas que tomo en mi cuaderno personal mientras viajo.

¿Qué pasó en abril? ¿Qué quedó en mi memoria y no en los papeles de mis cuadernos? Creo que si tuviese que hacer una lista de “gracias” o de los momentos que se me vienen a la cabeza sin hacer demasiado esfuerzo sería algo así:

– Los días de semana santa, en los que me permití descansar y no hacer nada. Porque está bien descansar y no hacer nada de vez en cuando o inclusive más seguido de lo que pensamos como normal.

Descubrir mi nueva librería preferida de Buenos Aires, un refugio secreto en Colegiales en donde una copa de malbec o un tazón de café es el maridaje perfecto para sumergirte en el mundo de las palabras con algún nuevo autor no tan conocido.

-Un almuerzo de a dos a las 3 de la tarde en Artemisia y una siesta al atardecer con la panza llena y el corazón contento.

Una charla con mamá que empieza con una sonrisa, se transforma en llanto y vuelve a terminar con una sonrisa y sus manos envolviendo las mías.

-Escuchar Volver de Estrella Morente después de mucho tiempo y recordar cuando tenía 20 años, cuando me creía grande y pensaba que 20 años eran muchos años.

Leer el retrato de Silvina Ocampo en un día y sumergirme en el mundo de Bioy Casares, Borges, Victoria y su familia. Quedarme ahí por varias horas, imaginando las picardías de esos escritores.

-Los cumpleaños de mis sobrinas y sus ojos que hacen chispitas cuando vienen corriendo a saludarme y se cuelgan de un salto en mi cuello.

-Volver a misa, a escuchar las palabras de Edu y compartir unos mates y una charla sentida al sol del otoño.

-Chocar en Panamericana por ir siempre con el pie en el acelerador, no solo en el auto sino en la vida. Así de paradójico, esa mañana aprendí que apretar el freno también es necesario.

Un almuerzo de domingo festejando las pascuas griegas en familia con mis vecinos de la infancia.

-Las copas de los árboles de mi ventana que cambian de color y las hojas amarillas que bailan por el barrio cuando sopla el viento.

-Los encuentros con mis amigas de toda la vida que siempre son un mimo al alma.

La luna finita que todavía brilla en el cielo oscuro del amanecer de otoño.

-El chocolate con sal y el té de menta a medianoche con Jose

-Algunas madrugadas desvelada viendo pelis repetidas o volviendo a leer cuentos de Cortazar que no recordaba.

-El recuerdo de la frase “Abril, lluvias mil” que me dijo mi hermano en Barcelona cuando coincidimos ese mismo mes unos años atrás. Y enseguida recordar otra de sus frases todavía varios años más atrás, en 2009, con un libro de regalo: “para que alguna vez llegues a ser lo mejor en lo que hagas y encuentres tu pasión. Te quiero mucho, tu hermano Jorge”.

Una tapeo de a cuatro con Larita y Teo entre copas de vino blanco, historias de amor y gotas de lluvia golpeando con fuerza la ventana.

El recuerdo del señor leyendo debajo de los árboles en la plaza de Vicente Lopez a las 8 de la mañana.

-Muchos besos en los cachetes del Belisario y reconocer en su mirada los ojos de Delfi y asombrarme, una vez más, del milagro que es vivir.

– Una comida de viernes con Agus y Luli compartiendo sus anécdotas de viaje por la costa de San Francisco. 

Los masajes de Kiki y sus palabras que sanan.

-Prender velas mientras escribo, mientras leo o mientras trabajo. Y quedarme por un ratito conectada con la llama del fuego, como si tuviese algo para decirme o simplemente acercarme al silencio.

Abril, fuiste diferente. Como un mes de transición, en el que mi psicóloga me ayudó a mirar más hacia adentro y no guiarme por la mirada de afuera. Y en eso estoy.