PARA REVISTA OHLALÁ!

A mis 18 años me enamoré de la peli “Bajo el sol de Toscana” y desde ese momento viajaba a esta región italiana con mi imaginación cada vez que volvía a ver esas escenas a lo dolce vita entre campos de girasoles, helados de frambuesa, vestidos blancos arriba de una Vespa y atardeceres desde balcones medievales. Cerraba los ojos y soñaba con estar adentro de esos paisajes: 10 años más tardé logré hacerlo realidad.

Lo más difícil fue elegir por dónde empezar el recorrido y qué pueblos valían la pena explorar porque, viendo el mapa y las reseñas del destino, me di cuenta de que todos sus rincones merecían ser vistos. La zona está integrada por 10 áreas geográficas y ¡280 municipios!

La clave es organizar el itinerario antes de salir y contemplar las diferentes actividades culturales que pisan fuerte en esta región y que nadie quiere perderse: desde lo gastronómico hasta lo artístico. Alquilar un auto es imprescindible para aventurarte en las rutas y escenarios toscanos y lo ideal es tomar como punto de partida la ciudad de Florencia, la más poblada de La Toscana.

Si decidirte por los pueblos es un tema, a continuación te comparto los 5 preferidos que elegí con mi amore para recorrerlos en modo road trip. Preparate para hacer varias paradas a lo largo del camino y entre cada pueblito: ¡vas a enamorarte de absolutamente todo!

1- RADA IN CHIANTI

Entre los valles de Arbia y Pesa, este pueblo toscano está rodeado de viñedos y bodegas que podés conocer a través de visitas guiadas o reservar una mesa para un almuerzo veraniego a la sombra de una parra.

A 15 kilómetros de la Plaza Ferrucci y por camino de tierra, podés conocer la Ostería Di Fonterutoli, propiedad de la familia Mazzei desde el sigo XI, en donde producen su propio vino desde hace 24 generaciones y sirven un menú de pasos exquisito. Bonus track: las mesas tienen una vista privilegiada al valle.

A la hora de la siesta los locales se guardan en sus casas y en las calles más estrechas sólo se escucha de lejos el motor de algún auto turista o las ruedas de una bici que pasa cerca. Eso sí, los negocios más importantes, como las heladerías, no cierran.

“Lo Sdrucciolo” es parada obligatoria para un cucurucho o unas crepas con chocolate y avellanas. Por último, mis souvenirs preferidos: una colección de postales para escribir a mano y una cuchara de madera con el mango de cerámica pintado a mano. Podés encontrar los objetos típicos y productos regionales en la calle principal, Strada Chantigiana.

2- SAN GIMIGNANO

Lo llaman el Manhattan toscano por su propio skyline de torres medievales y su atractivo mega turístico. A pesar de la cantidad de viajeros que lo visitan, su escenografía con calles de piedra, iglesias con campanarios y plazas rodeadas de pizerrías y gelaterías, parece el set perfecto para una peli del cine.

Está rodeado por una muralla de arquitectura gótica y cuenta con 13 torres típicas que van a hacerte mirar para arriba constantemente durante el recorrido. Las dos plazas centrales, del Duomo y Cisterna, son puntos de encuentro y paradores clásicos para contemplar el movimiento y el paso del tiempo de este lugar.

En el Palacio del Popolo podés subir hasta el mirador de la única torre abierta al público (la Torre Grossa de 54 metros, ¡la más alta de todas!). El precio de entrada es de 9 euros e incluye el ingreso a los museos de la ciudad.

Para disfrutar de una vista panorámica de los alrededores del pueblo, el mejor spot es el de la Rocca di Montestaffoli, una fortaleza construida para proteger a San Gimignano de los ataques de Siena. En los mercados de la calle vas a encontrar sus productos típicos como el queso pecorino, el azafrán y  el vino blanco “Vernaccia”.

Además, si sos fan del helado, no podés irte sin probar los de la heladería Dondoli, que dicen ser los campeones mundiales. Son caseros e incluyen sabores sin gluten. Además, si tenés tiempo y ganas podés anotarte a una clase ¡para aprender a hacer tu propio helado!

3- MONTERIGGIONI

Este pueblo es una joyita en el itinerario toscano porque muchos viajeros lo pasan de largo y tiene un encanto especial que no encontrás en otros. Está ubicado en una colina y rodeado de árboles de olivos y un fuerte circular con puertas abiertas en forma de arco a través de las cuales podés ver el paisaje que hay alrededor y conectarte con la naturaleza.

El pueblo tiene un área de no más de 100 km2 y esto lo hace mucho más íntimo y acogedor. Dicen que la Iglesia de Santa María y la Piazza Roma inspiraron a Dante Alighieri y también fueron parte de la escenografía de la película “La vida es bella”. ¡Imposible no inspirarte en esas calles!

Prestá atención a los detalles que hay dentro del pueblo: las macetas en las paredes con sus diferentes tipos de flores, los perros durmiendo la siesta, los buzones de correo grabados, las ventanas cerradas y también las que están abiertas (¡seguro te encuentres con alguna vecina saludándote!), los carteles y señales pintados a mano.

Si estás tentada de un plato de pastas, Il Pozzo es el restaurante del pueblo. También vas a encontrar el taller de un artesano que hace joyas a mano y un local que vende frascos de miel pura y hace degustaciones generosas. 

4- MONTEPULCIANO

En el camino a Montepulciano, hacete un ratito para frenar en la ruta y observar los campos de girasoles: ¡la postal más buscada!

Una vez dentro del pueblo, andá directo en búsqueda del Café Poliziano, un bar histórico que tiene un balconcito privilegiado al final del salón. Si la mesa está libre, zambullite porque es súper cotizada. Lo difícil va a ser levantarte para seguir viaje: ¡vas a querer quedarte ahí para siempre! Asegurate de probar el postre tiramisú antes de seguir recorriendo.

La Piazza Grande es el corazón de la ciudad, el punto más alto y sede de eventos y festivales locales como el Bravio delle Botti en el mes de agosto, una carrera de parejas empujando cuesta arriba un barril de ochenta kilos.

Además, en las afueras pero no alejado, está la Iglesia de la Madonna de San Biagio que es para muchos el principal atractivo del pueblo. Está ubicada en medio de la campiña con vistas fascinantes a Montepulciano de fondo.

5- CORTONA

Fue el lugar elegido para filmar varias de las escenas de la película “Bajo el sol de Toscana” y es por eso que desde 2003 es uno de los municipios que más turistas recibe. Lo más lindo de este pueblo es sentarte en una de las mesitas de sus calles o en los escalones de piedra del Palacio Comunale, en la plaza central, y observar a su gente. También es muy común que seas testigo de un casamiento en la Piazza della Reppublica.

En agosto se celebra el Festival del Sole, de música clásica y arte con una fuerte proyección internacional.

Si querés conocer la historia de Cortona, el museo MAEC es el indicado y vas a aprender los hitos más importantes de esta ciudad desde la prehistoria y la época romana hasta el día de hoy.

La Grotta es la trattoría perfecta para picar una burrata y unas ensaladas coloridas en su patio interno, atendido por sus dueños.

También, podés comprar cerezas frescas o sandía en su verdulería ambulante para recargar energía y hacerle frente al calor. Antes de irte, tené en cuenta que fuera del casco histórico vas a encontrar la Iglesia de Santa María Nuova, la preferida de los arquitectos y fotógrafos.

CÓMO LLEGAR

Con Alitalia hay vuelos directos a Roma y desde la capital podés tomar un tren a Florencia. Desde ahí, recomiendo alquilar un auto para el itinerario toscano.

CUÁNDO VIAJAR

Los meses más lindos son los de verano: la vida local es mucho más animada y alegre y los paisajes son más coloridos. Tené en cuenta que julio y agosto son los más concurridos, por lo que si podés visitar los pueblos durante junio o septiembre la experiencia va a ser aún mejor.

DÓNDE HOSPEDARTE

Lo más práctico es hacer base en Florencia o Siena y salir a recorrer los pueblos durante el día con el auto. Una gran opción precio-calidad en Siena es www.sienavip.it, justo afuera del casco histórico, con 7 habitaciones divinas y desayuno incluido.

LO QUE NO PUEDE FALTARTE

– Cámara de fotos. Es casi obvio, pero toda la ruta es una postal para cansarte de tomar imágenes.

-Diario de viaje. Para escribir en papel lo que más te gustó de cada pueblo. Registrá sensaciones, comidas, olores, recuerdos. Así te queda un mini journal de cada pueblo.

-Una playlist con canciones tanas para el roadtrip. ¿Cómo te ves cantando al viento los hitazos Eros Ramazzotti y Laura Pausini?

-Calzado cómodo para patear y patear hasta que se haga de noche. Olvidate del taco, acá mandan las zapatillas all day long.

-Protector solar sí o sí. El sol de La Toscana no es solo el título de una peli, pega fuerte.

-Euros en cash por si algunos lugares no aceptan tarjeta. En algunos comercios chiquitos lo vas a necesitar.

-Un vestido camisero para caminar fresca y cómoda. En verano, hace calor, así que cuanto más fresca, mejor.

-Google Maps en el teléfono para completar tu itinerario a tiempo. O, si querés hacerlo al estilo vintage, un buen mapa con todas las rutas de la zona.