Para Revista OHLALÁ!

Si París es una fiesta, la Provenza es el mejor after party que toda viajera amante de Francia sueña con conocer. Lejos de las motos de Champs Elysées, las luces de la Torre Eiffel y los turistas del Louvre, el sur del país del amor y la moda es un mundo totalmente diferente y cautivante: los habitantes de sus pueblos medievales todavía conservan su propia lengua, los sabores locales son un deleite para los sentidos, los castillos te permiten jugar por un rato a ser reina, el helado es de lavanda y a la noche se pueden ver estrellas fugaces desde los campos de viñedos. A continuación, te propongo un roadtrip por los cinco pueblos más lindos y autóctonos del corazón provenzal.

1-LOURMARIN

Rankeado como uno de los pueblos más lindos de Francia, Lourmarin está ubicado en el medio de la meseta principal que se divide entre Grand Luberon y Petit Luberon. Sus calles empedradas y angostas, los techos de teja de las casas restauradas y los cafés de las plazas van a sumergirte enseguida en el típico ambiente provenzal.

El mercado de Lourmarin es un clásico que abre sus puestos cada viernes por la mañana y es uno de los más variados y visitados. Andá con hambre porque vas a querer probar TODO: hay variedades de queso (¡todas tentadoras!), el típico nougat, una especie de turrón típico y bien dulce, aceitunas frescas, miel orgánica, mermeladas caseras (imperdible la de higo) verduras de estación y rodajitas de fruta disecada para picar (¡animate con las de kiwi!).

Además, vas a encontrar cientos de opciones naturales para cuidarte la piel: jabones artesanales de té verde, manzana roja o hasta chocolate, aceite de lavanda y cremas de oliva. También, bolsos trenzados a mano, camisas de lino y sandalias.

Otro de los focos principales de este pueblo es el Chateaux de Lourmarin, un castillo del siglo XV que además de ser una joya histórica es el escenario perfecto para disfrutar de las vistas a los jardines y las montañas de fondo. La entrada cuesta 6 euros y durante las noches de verano hay conciertos de jazz en la terraza.

Si sos fan del arte y la literatura, seguro encuentres este pueblo todavía más interesante: fue el refugio del escritor Albert Camus durante sus dos últimos años de vida. Aunque la única señal visible es su tumba en el cementerio local, los lugareños saben indicar cuáles eran sus restaurantes preferidos e inclusive la casa que compró cuando se enamoró de La Provenza y en la que vivió hasta el último momento.

Antes de despedirte de Lourmarin, asegurate de tomar una copa de vino en una de las mesas de la vereda del clásico (y siempre lleno) Café Gaby.

2- ROUSSILLON 

Al norte del mapa provenzal, este pueblo es uno de los más exóticos: ¡es todo colorado! El color que predomina en las montañas y en las paredes de las casas es por la presencia de ocre en la tierra de la zona. Es ideal que llegues a primera hora de la mañana o al atardecer; la luz del sol hace que las tonalidades coloradas se reflejen de una manera tan fascinante que parece magia.

Si tenés ganas de sumarle algo de aventura, podés explorar el Sendero de los Ocres: un recorrido entre los acantilados en donde vas a encontrar más de 15 matices diferentes en medio de la naturaleza, desde el rojo más vivo hasta uno dorado. Clave: ponete unas zapas que puedan lavarse ¡vas a terminar con los pies colorados!

Roussillon, además, es el punto de encuentro preferido por muchos artistas: en las calles vas a encontrar galerías de arte y exposiciones súper originales.

Pedí el folleto de Parcours de l’Art en la oficina de turismo y armá tu propio itinerario, con workshops incluidos, de pintura, joyería, escultura y cerámicas.

3- GORDES 

Pegadito a Roussillon, el pueblo de Gordes está construido sobre una colina alrededor de un castillo imponente. Adentro, el castillo funciona como un museo con cuadros del artista Pol Mara, pero lo más lindo es ver la construcción medieval desde los miradores de la ruta: ¡la postal es impresionante!

Gordes es un pueblo súper tranquilo y residencial, ideal para recorrerlo a tu propio ritmo, bordeando las casas de piedra entre las calles empinadas e inspirándote como lo hicieron (¡y siguen haciendo!) muchos pintores famosos.

También, a 10 minutos en auto, podés visitar la famosa Abadía de Sénaque: la mejor época para conocerla es entre fines de junio y agosto, cuando los campos se tiñen de violeta.

Hay retiros espirituales, visitas guiadas y hasta una mini tienda artesanal con productos regionales hechos por los monjes. Los jabones de lavanda por 2 euros son el mejor souvenir.

4- LACOSTE 

Es uno de los pueblos más tradicionales y conocerlo es como viajar en el tiempo, varios siglos atrás. Asegurate de estacionar el auto en el parking que está abajo y caminá en dirección a la cima para entrar por la Porte de la Garde, una puerta de piedra que hace de entrada principal.

Arriba de todo vas a encontrar las ruinas del polémico castillo de Marquis de Sade que fue renovado e intervenido por el diseñador de moda Pierre Cardin. Además de aportar su arte, el ícono francés es el sponsor del Festival de Opera y Teatro de Lacoste que se celebra cada verano durante el mes de Julio en los jardines del castillo.

No te vayas de este pueblo sin pasar por el famoso Café de France: la vista desde la terraza es imponente y la tarta Tatin de manzanas con helado es una delicia.

5- BONNIEUX

El pueblo de Bonnieux es ideal para hospedarte y es una base estratégica como punto de partida para recorrer los diferentes pueblitos que hay alrededor. Es el más completo en opciones de hotelería, restaurantes y mercados y hasta cuenta con un museo de pan, “Musée de la Boulangerie”, en donde podés aprender diferentes técnicas para hornear tu propio pan.

Lo más lindo de Bonnieux son sus mansiones medievales, y una de las más auténticas es “Les Trois Sources”, un refugio casi secreto que originalmente fue un hospital de guerra, luego una fábrica de seda y actualmente funciona como un hotel súper exclusivo con tres habitaciones y atendido por sus dueños, Paul y Caroline.

Otro chateaux imperdible es “La Canorgue”, que además de sus jardines y sus fuentes de reyes, cuenta con una bodega con cata y venta al público. Dato pochoclero: es la misma mansión en donde se filmó “Un buen año” con Russel Crowe; literalmente ¡una casa de película!

DÓNDE DORMIR

En www.airbnb.com.arvas a encontrar miles de opciones (¡una más linda que la otra!) y precios para todos los presupuestos.

CÓMO LLEGAR

Lo más práctico es volar a París y desde ahí tomar un vuelo hasta Marsella. También podés llegar en tren hasta Aviñón: www.sncf.com

¡ALQUILÁ UN AUTO!

Para recorrer La Provenza es clave que alquiles un auto así podés manejar tus tiempos y conocer los pueblitos más tradicionales a los que no llega el transporte público. Reservá el modelo que más te guste y elegí el pick up en el mismo lugar de llegada. Rondan los €65 diarios.